Cómo saber elegir un trabajo

Tú también tienes derecho a elegir a quién quieres tener de jefe/a, en qué empresa ser contratada, el lugar de trabajo donde quieres pasar más de ocho horas al día… Cuando buscas un trabajo, todos los coach y expertos en la materia te explican que tienes que poner tu curriculum de una determinada manera, mover tu red de contactos, saber venderte bien en la entrevista, etc. De lo que (casi) nadie te habla es que no sólo quien te contrata tiene que validar tus aptitudes y tu manera de ser.  Tú también debes de poder elegir dónde trabajar.

(Foto de Foter.com)

Lo primero que tienes que hacer es preguntar a tus conocidos si alguno/a conoce a tu futuro/a jefe/a. A mí me pasó en un anterior empleo, que varios conocidos habían trabajado con esa persona anteriormente. Como ya había dicho que sí a la oferta, no se atrevieron a decirme cómo era realmente esa persona. No fue hasta que cambié de trabajo, que me hablaron con sinceridad de mi ex jefe/a. Y no bien precisamente. Y es que lo creamos o no, al final, casi todo el mundo se conoce. Así que vale la pena que, antes de decir que sí a un jefe, preguntes en tu círculo de conocidos si alguien lo conoce, trabajó con él/lla, etc.

Numerosas encuestas constatan que los empleados no dejan un trabajo, dejan un mal jefe

En algunas entrevistas de trabajo, el espacio físico es otra cuestión a tener en cuenta. No sé si os ha pasado lo mismo que a mí. A veces, vi que el lugar de trabajo era tan terriblemente cutre, que la entrevista la hice mal a posta. No es por nada, pero trabajar en un sitio sin luz, mal ventilado, con muebles feos, o donde el lavabo está al lado del despacho del jefe… No me apetece. Yo vivo en un piso maravilloso y para ir a según dónde, prefiero trabajar desde casa, la verdad. Igual es que me estoy haciendo mayor.

(Foto de Foter.com)

Otro motivo por el que decir que no a un empleo es por la empresa. Al igual que con el lugar de trabajo, cuando piensas en determinada compañía, no sabes por qué, pero no hay feeling. Te puede pasar que no te gusten los productos que comercializan y, claro, no vas a poder ‘venderla’ bien. O que veas que no es una compañía seria… En fin, hay colores para todos los gustos. Pero todos tenemos un Pepito Grillo del trabajo. Sólo hay que saberlo oír. Y hacerle caso.

 

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