¡He volado con mi marido piloto!

Primero de todo quería explicar que, desde muy pequeño, mi marido ha querido sacarse la licencia de piloto de avión (PPL). A pesar de que viaja durante el año por todo el mundo por su trabajo,  de no disponer de mucho tiempo libre y, además, de cuidar de nuestro hijo Enric, me dijo que creía que era el momento de tirar este proyecto adelante (PPL). Yo le apoyé desde el principio, fue duro, porque tuvo que estudiar muchísimas horas para los exámenes teóricos y empezar a volar con su profesor, luego la “suelta” (que es el primer vuelo solo sin instructor) y, finalmente, el examen para obtener la licencia. Después de todo este proceso, finalmente, lo consiguió a la primera.  Le admiro profundamente por ello.

Después, todo piloto entra en la fase de acumular horas de vuelo, para que su instructor/escuela le autorice llevar pasajeros a bordo. Desde el principio, él tenía muchísima ilusión de llevarme como pasajera y yo le decía que “ya veríamos, que algún día”. Pues bien, tengo que decir que la primera vez que llevó a alguien, fue a su hermano y pude ver su cara de felicidad, cuando me explicaba la experiencia que tuvo como pasajero de Jordi.

A mi  marido le apasiona pilotar el avión y tuve claro ya desde hace tiempo, que querría darle una sorpresa y que, cuando menos se lo esperara, le iba a decir que volaría con él. Sabía que la  experiencia iba a ser brutal, que le iba a dar una gran alegría y el día de Reyes le dije que ya podía reservar hora, que ése era mi regalo más grande.

Era una mañana muy fría, Jordi empezó con todo el check in del avión, los procedimientos de seguridad y, cuando todo estuvo preparado, entré con él

Días previos al 7 de enero, yo ya estaba un poco nerviosa, pero no quería pensar en el día del vuelo. Confío plenamente en Jordi y sé que los procedimientos de seguridad son muy estrictos: él me ha explicado cada vuelo, cada detalle y sé perfectamente que está muy preparado. Con respecto a mí, tengo que decir que el despegue era lo que me daba más miedo.

Llegamos a a las oficinas de operaciones del aeropuerto, presentó el plan de vuelo y me registró como pasajera acompañante. Nos dieron los permisos, pasamos la seguridad del aeropuerto y nos dirigimos al hangar.

Momentos previos de iniciar el vuelo

Estaba totalmente alucinada de como podía hacer tantas cosas a la vez: hablar con la torre de control en el lenguaje propio de pilotos, realizar los procedimientos de arranque y de inspección y de explicarme las normas de seguridad (por cierto, que la puerta estaba en mi lado y me dijo que yo era la responsable de saber cómo abrirla y quitar el seguro en caso de emergencia). Estuvimos dentro unos minutos, le dieron la autorización de despegue y nos dirigimos a la pista.

Los momentos previos al despegue fueron los más tensos, él intentaba explicarme los procedimientos operativos y yo estaba con una cara de “¡¿Qué?!, pero ¡¿qué me estás contando?!!”. Solo pensaba: “no me hables; a ver si te vas a desconcentrar”. Jajajaja.. .

Jordi me explicaba, después, que yo estaba muy nerviosa y me regaló esta foto del vídeo que hicimos con la GoPro, para que viera que mi cara era de lo más cómica.

Esta era mi cara de ‘¡¿Qué me estas contando?!”, minutos antes del despegue

Hacía un día espléndido y, una vez despegó el avión, empecé a relajarme y a disfrutar como hacía tiempo que no lo hacía. Jordi me explicó que cuando es verano, la diferencia térmica entre la noche y el día es más alta, hay más diferencia de temperatura y esto quiere decir que cuando sale el sol y calienta la tierra es cuando aparecen las turbulencias. Pero que en invierno, el diferencial es inferior y entonces hay menos tendencia a las turbulencias. Por lo tanto, en una mañana fría como aquella (un 7 de enero) y con sol fue delicioso: fueron 70 minutos de viaje por las nubes -literalmente-, tranquilos y placenteros.

Salimos del Aeropuerto de Sabadell, nos dirigimos a Manresa, pasando por encima de las montañas de Montserrat, Castelltersol y Moià y regresamos. Tuvimos que bordear una zona de Manresa donde había paracaidistas y las vistas, sobre todo tan cerca de las montañas de Montserrat, me parecieron un espectáculo inolvidable.

Sobrevolando las montañas de Montserrat

Estaba totalmente alucinada. Nunca había visto las Montañas de Montserrat desde tan cerca y tan arriba: ¡estábamos a 4.500 pies. Para que os hagáis una idea, un avión de pasajeros sobrevuela entre 30.000 y 36.000 pies.

Sobrevolando Manresa

¡Cómo no! Le pedí a Jordi si podría hacerme unas fotos haciendo pilates encima del avión. Me dijo que haría lo posible y pude disfrutar de unas buenas planchas de pilates al dado de un avión auténtico Piper WarriorIII.

Disfrutando de una plancha de Pilates al lado del avión

Fue una experiencia preciosa e inolvidable y estoy deseando que llegue nuestro aniversario de boda, en marzo, para nuestro siguiente vuelo juntos. Esa vez, aterrizaremos en otro aeropuerto y disfrutaremos de una buena paella y, después, volveremos a casa. 

¡No puedo esperar al próximo vuelo! ¡Es muyyyyyyyyyyyyyyy recomendable!!

 

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