¿Qué tipo de jefe tienes?

Cuando una es mamá de 40 ya puede decir que ha tenido unos cuantos jefes o unas cuantas jefas. Si buscas por Internet, leerás que el principal motivo por el cual nos cambiamos de trabajo es por el jefe: porque no nos escucha, no nos promociona, etc. Con la experiencia que llevo acumulada en los últimos años, os cuento los cuatro tipos de jefes que he tenido:

El jefe amigo. Es ése que se reúne contigo, te escucha e incluso te cuenta más cosas de su vida personal de las que debería. Un encanto de jefe, vaya. Pero ten cuidado, porque siempre hay uno en el trabajo que es aún más amigo de él y al que tú no le caes bien (porque te puede tener envidia). Así que, para durar en el empleo, ten en cuenta la máxima: ‘los amigos de mis amigos son mis amigos’.

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El jefe soñador. Es el que te felicita y te cuenta que está contento contigo, que igual te necesita más horas para encargarte más tareas, o que tendrás que viajar con él a determinada feria europea porque eres una pieza fundamental de la compañía. Hasta que, un buen día, te cuenta casi entre lágrimas que no tiene más dinero para pagarte la nómina. Y así acaba todo. Nuestro consejo es que pongas todo lo que dice entre comillas y que tengas otro empleo en el bolsillo por si acaso.

El pasota. Este tipo de jefe no es que sea pasota en su trabajo, sino con su gente: pasa de ti. Se cree que está en la India, que trabaja en un organigrama de castas y que tú eres un intocable (ser inferior) con el que no vale la pena ni hablar, ni reunirse. Para hacerte visible, necesita que le pelotees, le sonrías y cada dos por tres le preguntes qué tal está. Si estos consejos no te convencen, busca otro trabajo.

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El autoritario. Este tipo de jefe tiene como señal su mano extendida a modo de STOP. No escucha lo que le dices y así te lo demuestra con su gesto. Es un jefe que te dice en todo momento lo que tienes que hacer y cómo lo tienes que hacer (exactamente como él quiere, claro). Así que si lo tuyo no es ser una funcionaria ‘sí, woana’, nuestra recomendación es que vayas buscándote otro empleo donde puedas brillar con luz propia.

Y es que, como decía Groucho Marx, “algunos jefes son como las nubes… cuando desaparecen, el día se arregla”. Si tú también tienes un jefe tóxico, no te desanimes. Además del jefe, aquí podrás ver que hay otros motivos por los cuales los empleados quieren cambiar de trabajo. 

 

 

 

 

 

 

 

Cómo superar el síndrome post vacacional

Con este post, empezamos una nueva sección en nuestro blog: vamos a contaros cosas sobre trabajo, ya que Sandra y yo hemos creído que os podría gustar que tratáramos cuestiones como la conciliación familiar, el liderazgo, o el tema que nos atañe en este post y que es la vuelta al trabajo después de las vacaciones.

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Según datos de Coaching Club, un club cuyos profesionales acompañan a personas y a organizaciones a conseguir sus objetivos, cuando volvemos al trabajo después de las vacaciones, tenemos que retomar las responsabilidades olvidadas, cumplir de inmediato con las tareas del día a día, afrontar la acumulación de tareas o correos electrónicos que se ha producido durante las vacaciones, ajustarnos nuevamente al horario de trabajo, vencer la dificultad a reconectarnos con las actividades habituales, entre un largo etcétera de tareas postpuestas. Y todo eso sin olvidar lo más importante: que echamos de menos las vacaciones donde no teníamos apenas obligaciones.

El síndrome post vacacional afecta a 6 de cada 10 españoles y llega a generar una bajada de la productividad laboral de hasta el 80%

Entre las manifestaciones de este síntoma post vacacional están: estrés, ansiedad, pérdida de apetito, falta de concentración, pérdida del sueño… Seguro que tú te identificas con más de una, ¿verdad? Pues para paliar sus efectos, Verónica Rodríguez Orellanaterapeuta y Directora de Coaching Club, ha elaborado una serie de recomendaciones:

1.Aterriza con suavidad. Es lo que se conoce con el nombre de “Softlanding”, una técnica psicológica sobre la que aporta algunos consejos:

a) Necesitas 24 horas para acomodarte a la rutina;

b) Sé positivo y no te abrumes;

c) Piensa en que la rutina laboral es un medio para volver a disfrutar de otro tiempo de ocio, y

d) Comparte con tus compañeros tus vacaciones.

2. Sigue un ritmo gradual. Distingue lo urgente de lo prioritario y reanuda tus obligaciones de manera gradual, de manera que generas una sensación de control que contribuye al equilibrio.

3. Agenda las tres primeras semanas. Hay que estructurarla alrededor de objetivos concretos, posponiendo las reuniones y las decisiones más importantes a la segunda semana posterior al regreso.

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Y es que la cuesta de septiembre nos consume emocionalmente, ya que vemos cómo en apenas unos pocos días hemos dejado atrás las vacaciones de verano. Pero ten en cuenta otra cosa: que tienes que estar agradecido de volver al trabajo y que muy pronto tendrás algún puente y las vacaciones de Navidad, que ¡el tiempo pasa volando!